Ante las pasadas elecciones del
11 de marzo de 2018 en la elección de representantes para el Congreso y de la
consulta interpartidista, hay quienes reflexionan los resultados y las
lamentaciones, porque algunos de los que se dicen llamar “alternativos” no
salieron electos. Uno de ellos, Jorge Eliecer Guevara, del Partido Verde, que a
propósito no tiene nada de verde y coherencia ideológica navegando en el
pantano de los refritos neoliberales y socialdemócratas. Ni que decir de la
consulta interpartidista, donde Iván Duque, un reaccionario títere que a la luz
de los lamezuelas medios periodísticos, salió como el gran “ganador”. Y la duda
ronda porque el magisterio colombiano no inclina la balanza del poder político
en la Nación. Ya Louis Althusser lo había analizado, la escuela, el colegio y
hasta las Universidades, son aparatos ideológicos del Estado, donde reproducen
los valores de las clases dominantes y del estilo de vida burguesa. Y del
deseado sujeto político transformador tenemos es un sujeto reproductor de la
cultura dominante, y por ello, el magisterio colombiano no es la real
alternativa posible. Es una talanquera para el movimiento obrero, sin
menospreciar aquellos elementos conscientes y de cambios particulares que
realizan colectivos de maestros en el porvenir de sus familias y estudiantes,
pero son casos aislados. Realmente de los maestros, quienes son intelectuales,
lo que podrían esperar de las tesis de Antoni Gramsci, de tener intelectuales
orgánicos. Son muy pocos, y tristemente no lideran las organizaciones
sindicales, porque estas también reproducen el lenguaje dominante del Estado. Y
aquí entramos que un porcentaje amplio del magisterio colombiano es pequeño burgués
como la mayoría de los sindicatos, y se perdió su concepción independiente y
clasista. Algunos temen hablar de lucha de clases y hasta de negarla, y se
proclaman defensores del Estado Social de Derecho, de la defensa de la
participación política en el Congreso, establo de las vacas sagradas donde la
mayoría de la bancada arrasan con aquellas voces de tinte reformista, por lo
que las ilusiones parlamentarias no sirven. Ya lo decía un capitalista
millonario, que sigue fielmente a Marx; identificarse como clase, un tal Warren
Buffett: “Hay una lucha de clases, muy bien, pero es mi clase, la clase de los
ricos, la que lucha y está ganando”. Las subdirectivas sindicales se han
convertido igual que las maquinarias de los partidos burgueses en fortines
politiqueros para equis candidato al Congreso, a la CUT, a FECODE, donde lo
ideológico no importa (por ello, la importancia de la independencia de clase y
la coherencia ideológica proletaria) ya que fácilmente se puede pasar del polo
al partido verde, a los decentes, y al poco tiempo, manosearse hasta con los
reaccionarios. Un ejemplo evidente han sido los guasones Argelino Garzón, que
se alineó con el partido más cavernario de la historia del país, y Luis Eduardo
Garzón, que ha saboreado las mieles del poder del establecimiento. Y la
doctorcita Clara López, burguesa desde que nació, dizque presidenta del Polo
pasando por el Ministerio del Trabajo con el gobierno Santos, ahora con el
Partido Liberal. ¿Qué es el Polo?, de que línea ideológica lo podríamos
arrimar: izquierda o de derecha, o de centro derecha. A lo sumo, con Sergio
Fajardo, olfateándole su trasero derechista.
La coyuntura de los maestros es
de ceguera y de analfabetismo político, y salen realmente lo que Bertolt Brecht
había afirmado del analfabeto político:
El peor
analfabeto
es el analfabeto político.
No oye, no habla,
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio del pan, del pescado, de la harina,
del alquiler, de los zapatos o las medicinas
dependen de las decisiones políticas.
El analfabeto político
es tan burro, que se enorgullece
e hincha el pecho diciendo
que odia la política.
No sabe, el imbécil, que,
de su ignorancia política
nace la prostituta,
el menor abandonado,
y el peor de todos los bandidos,
que es el político trapacero,
granuja, corrupto y servil
de las empresas nacionales
y multinacionales.
es el analfabeto político.
No oye, no habla,
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio del pan, del pescado, de la harina,
del alquiler, de los zapatos o las medicinas
dependen de las decisiones políticas.
El analfabeto político
es tan burro, que se enorgullece
e hincha el pecho diciendo
que odia la política.
No sabe, el imbécil, que,
de su ignorancia política
nace la prostituta,
el menor abandonado,
y el peor de todos los bandidos,
que es el político trapacero,
granuja, corrupto y servil
de las empresas nacionales
y multinacionales.
De este poema, ya sabemos lo que
el granuja y bandido del innombrable ha hecho con las conquistas de los
trabajadores, y por ende, de los maestros colombianos. Y de esa miopía cruel y
mental, también tenemos el papel de los medios de comunicación, que lavan cerebros
diariamente. Pero la responsabilidad es también personal, cuantos maestros
leen, y lecturas que valgan la pena. Es común en las pocas asambleas que hay,
docentes que les prohíben a sus alumnos el uso del celular en clase, pero si
los manejan en mensajes banales y superfluos. Hasta circulan revistas Avon, tal
vez porque el menguado salario de docente no alcanza, pero de su ignorancia
política, no razona por los culpables.
Sólo el magisterio ha cumplido un
papel importante y transformador, y han sido, cuando ha habido transformaciones
económicas y políticas profundas. El magisterio de hoy, igual que al pueblo, le
ha metido en la cabeza una fantasía, y en ese goce, como lo planteaba el filósofo
esloveno Slavoj Zezik, es un síntoma enfermizo, donde se presenta la
deshistorización de la memoria. Se fabrican mitos y nos alimentan de falsos
sueños. Ejemplos: el mito del castrochavismo, hacerle creer en la gente
falsedades como verdades, y en ese mundo engañoso, la cabeza no piensa, la
razón se vuelven más emotiva, y como el pensar es una angustia, lo más cómodo
es vivenciar ese mito. Hay otro mito, y nos lo hace creer, nos faltan senadores
nuestros para que voten leyes a nuestro favor (llevamos años en ese sueño del
realismo cínico). Otro mito castrador: la defensa del Estado Social de Derecho
cuando está podrida y hedionda toda la institucionalidad. Otro mito que se
escucha en el conjunto de los maestros “felices”: agradecer que tenemos
trabajo. No se ven la realidad real, sino el mundo de la fantasía, los que adoran
la opción light uribista. Temo que muchos no se atreverían como lo hizo Neo, de
tomarse la pastilla roja, para observar lo verdadero, recomendado por su
maestro Morfeo. ¿Cuántos Morfeos tenemos en el país? Y ¿Cuántos Neos se tomarían la pastilla roja?.
Hay un retraso histórico, y si el
movimiento sindical no transforma sus prácticas sindicales, retomando la
ideología proletaria con independencia de clase, en erigir la huelga como la
principal herramienta de lucha, seguirá equivocadamente y con complicidad, en
las vanas fantasías y mitos. Por lo que, serán esas vacas muertas en el camino,
por lo que otros pasarán y las removerán de ese camino para que no entorpezcan
el rumbo de la lucha proletaria.
Por Oscar Ariza.
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